Devocional Libro de Rut | El Hijo Restaurador y Sustentador

Día 31 | Devocionales en el libro de Rut

El Hijo Restaurador y Sustentador

Rut 4:13-17

La llegada de un hijo siempre ha sido considerada una bendición en la Escritura. Desde el principio, Dios ordenó: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28), y a lo largo de la historia bíblica, los hijos son vistos como herencia del Señor (Salmo 127:3-5). En el caso de Noemí y Rut, la situación era aún más significativa. Rut no había tenido descendencia con su primer esposo, y Noemí, habiendo perdido a sus hijos, no tenía nietos que perpetuaran su linaje.

Sin embargo, la misericordia de Dios brilla en la historia. Booz toma a Rut por esposa, y el Señor le concede concebir y dar a luz un hijo. Este niño  representa la restauración de la familia de Noemí (Rut 4:15). La amargura de Noemí se convierte en gozo, la soledad en compañía, y su linaje es asegurado por la gracia de Dios.

El nacimiento de este hijo nos permite ver una vez más la fidelidad y la obra soberana De Dios en la vida de ellos. 

Meditación:
Este relato nos apunta a una realidad mayor. Aunque Obed fue un gran consuelo para Noemí y Rut, el verdadero restaurador del alma y sustentador de su pueblo es Cristo. Así como el nacimiento de Obed trajo esperanza a una familia quebrantada, el nacimiento de Jesús trajo esperanza a un mundo caído.

Jesús es el Hijo prometido desde Génesis 3:15, la simiente que aplastaría la cabeza de la serpiente. En Él encontramos restauración para nuestras almas cansadas (Mateo 11:28), y Él es nuestro sustentador en todo tiempo (Filipenses 4:19). Su llegada no solo restauró la línea mesiánica, sino que trajo salvación eterna a su pueblo.

¿Confías en el Hijo de Dios?

Oración:
Señor, gracias porque en tu gracia nos has dado el mayor regalo: tu Hijo Jesucristo. Así como diste a Noemí un hijo restaurador y sustentador, nos has dado a Cristo, quien restaura nuestras almas y nos sostiene con su amor eterno. Ayúdanos a confiar en Él, a descansar en su provisión y a recordar que en su nacimiento, muerte y resurrección encontramos la verdadera esperanza. En su nombre oramos, amén.

Así como el nacimiento de Obed trajo esperanza a una familia quebrantada, el nacimiento de Jesús trajo esperanza a un mundo caído.

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